Grima y Escombros
Ansias de color
Si alguna vez te encuentras
con alguno de esos
increíbles locos
que te salvaron la vida
extirpándote una sonrisa,
no dudes en recordarles
cuando meaban oasis
sobre el desierto invisible.
Destejieron el Arco Iris
para saciar nuestras ansias de color.
Corazonada
El impulso de un toro salvaje
tira de ti haca algo
-no sabes bien a donde-
pero está
ahí.
Manual de supervivencia para la Nueva Era
Cierra los ojos,
abre la boca
y saca la lengua...
Siente un temblor de palomas en tu pecho,
el hambre en las manos,
el peso del mundo,
esa cuchara helada debajo del paladar,
el azul del cielo
que emigró a otro lugar,
mariposas eléctricas revoloteando
como si fueran el espíritu de las cosas,
la ciudad naranja que gira sobre si misma,
su cordón umbilical,
un incendio de lápices en tu boca
que prende el nido de pájaros que habitan en ella.
Siente.
El corazón
acostumbrado a temblar,
conserva el equilibrio.
8
Si el ocho fuera el infinito en vertical
uno i
dos n
tres f
cuatro i
cinco n
seis i
siete t
o
sólo podríamos contar hasta siete.
Música del azar
Envuelto en la médula del sonido
sientes que el panel de la vida está lleno de miel
y las bisagras del mundo empiezan a crujir.
Una culebra se retuerce entre tus orejas,
las jaulas de oro se derriten
al calor de un sensual blues
mientras en ti
florece algo nuevo.
Ya nos lo advertían desde pequeñitos
Este dedito fue a pescar,
éste lo limpió,
éste lo guisó,
éste puso la mesa
y éste que está aquí
-el picarón del gordo-
se lo comió.
Esperanza
Tras la frialdad
de la tecnología recién estrenada,
hay una caja de cartón
que sonríe
lentamente
a los niños.
En las vísceras de la tormenta
Bajo las madrigueras
late un trémulo pulso, incesante.
Un escalofrío eléctrico se expande por la pulpa de las avenidas;
alguien abrió la caja de truenos.
Los espejos siguen derramándose en la ciudad.
Hay trampas, seres de alambre y vainilla,
cerraduras sin llave, grasa lunar, arenas movedizas,
un reguero de pirañas, aguarrás, tendones de acero,
un sol negro y en él,
una tarántula reptando por las paredes del eclipse.
Aprovecha, sal y llena tus ojos de tierra.
Incendio en el Psiquiátrico
Las llamas derretían lentamente el palacio
mientras psiquiatras y enfermeras entraban en pánico.
Fueron los paranoicos, los pacientes,
quienes salvaron la situación.
Ellos ya sabían que algo extraño se fraguaba
en aquel hervidero,
por eso tenían las salidas controladas
Ellos estaban preparados.
Boomerang
Recuerda:
en la mano con la que señalas al culpable
hay un dedo que le apunta a él
y tres a ti.
Ghost notes
Quizás, lo que intentamos cazar
se encuentre en el humo que traspiran las palabras,
en la espuma de una melodía
o en el polvo que flota en los sueños.
Quizás, lo que buscamos
no tenga forma.
Renacer
Pasar por túneles de carne y hueso,
hendir en lo más profundo,
abrir la puerta del sótano.
No quedarte inmovilizado,
seguir caminando,
pasear por tu caverna,
sentir como se deshielan las estalactitas
que medraron en su bóveda cariada.
Ya no sirven los paraguas rotos
porque a lo lejos alguien está avivando un incendio
sobre el plano azul que lo envuelve todo;
mira, mira bien,
es tu amanecer.
Letras llenas de cal
La serena alegría
es un molinillo de colores
clavado en una maceta;
riendo con el viento
en la terraza de cal blanca
que habita en mi corazón.
Campanilla
Tu risa
limpia la gangrena
de este mundo enorme.
Cristal
Una mañana cargada de luz
decidí cometer una estupidez
de esas que van más allá
de lo absurdo.
Una ridícula mañana
decidí realizar una locura
y miré a los ojos del mundo.
Profetas
Bajo los párpados arrastran el peso
de ácidas cadenas,
siglos de nata y mugre,
la amnesia de la Historia.
Cangrejos caminando hacia delante
muestran sus pinzas rotas, encarnadas,
anhelan quebrar tus tibios moldes,
sus dulces programas.
No les tengáis miedo.
Dejadlos pasar,
sentid su mordedura
y podréis extender las alas.
Amanece en un folio de papel
En la sombra de estos inocentes dibujos
existe una suerte de alquimia y memoria:
A b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t u v w x y z.
Con estas veintisiete letras
podemos susurrar lo innombrable,
llenar de escalofríos a nuestros fantasmas.
Entre estos escasos diez centímetros
podemos prenderle fuego al infinito,
romper aguas en hermosura.
Con este puñado de símbolos
podemos abrir la flor cerrada,
orinar sobre la herida de los dioses.
Pero con ellos también podemos
encender la luz del mundo.
Roberto Ferrer Hernández